El hombre como prisionero de sus sentidos y esclavo de las apariencias
Sin Protocolo te invita a la mesa …
Esta se sirve de una manera absolutamente conceptual y donde la pulcritud de la imagen le da sentido a cada objeto, imprimiéndole un valor crítico al más común de los hábitos.
Sin Protocolo, aborda el desprendimiento de la etiqueta y la formalidad con absoluta elegancia. Se arman estructuras de sombras y reflejos que otorgan un sentido ambiguo entre el artefacto y su proyección, la cual no es precisamente fiel al objeto. Este mismo reflejo lleva consigo una carga de misterio, pues parece diluirse y estar a punto de desaparecer.
No todo es lo que parece, sino sólo espejismos que siguen seduciéndonos...